La moneda perdida
11/06
En el evangelio de San Lucas 15:8-10 se relata la parábola de la moneda perdida, una historia que revela cosas interesantes. Por ejemplo: esa moneda no se perdió en la calle, sino en la casa. Lo triste de esta escena es que nos muestra que hay pérdidas que no hacen ruido, no hay portazos, no hay despedidas ni maletas…pero algo se fue. Algo se rompió, dejó de estar o se perdió, y ese tipo de pérdidas duelen. Hay matrimonios que siguen durmiendo en la misma cama…pero hace tiempo dejaron de abrazarse de verdad. Se organizan, cumplen, sobreviven…pero ya no se aman como antes. No están separados pero están perdidos. Así mismo pasa con los hijos, están presentes en cuerpo, pero su alma, su espíritu no. Se aíslan, se encierran, sonríen poco y uno piensa que es “la edad”, pero en realidad se están perdiendo en silencio. Hay quienes siguen yendo a Dios, pero ya no sienten nada. Oran por costumbre, cantan sin emoción. Escuchan…pero no conectan. Siguen en casa pero están perdidos. Lo impactante de esta parábola no es solo que algo se perdió sino que alguien se dio cuenta. La mujer se rehusó a conformarse con lo que le quedaba, porque eso perdido también importaba. Dice la historia que “encendió la luz” porque hay cosas que solo se encuentran cuando decides enfrentar lo que te duele. Barrió la casa…porque hay cosas que están escondidas debajo del orgullo, del enojo, del cansancio, de lo no hablado. Porque cuando algo es valioso…no se reemplaza, se restaura. Ver la historia de este modo me hace pensar que Dios no solo te está buscando para sanar lo que te duele, sino para restaurar tu matrimonio, para acercarte a tus hijos, para entregarte los sueños que perdiste o dejaste por cansancio o por miedo. Te busca para sacarte de esa tristeza, de esa depresión, para devolverte la paz; porque tu naciste para vivir una vida en abundancia y no simplemente para sobrevivir. Esa moneda además nos muestra que no podía gritar, ni moverse sola ni decir: “aquí estoy”, dependía de que alguien se diera cuenta de que faltaba y la buscara. Lo único que debes hacer es reconocer que algo se perdió y que necesitas ayuda. Abre hoy la puerta de tu corazón y deja que la luz de Dios entre a liberarte. Para Dios, tu no eres uno/a mas, eres valioso/a. eres justo lo que Dios está buscando.
