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Eliseo y las burlas

11/06


 

2° Reyes 2:23-25 “Después subió de alli a Bet-el y subiendo por el camino salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él diciendo: ¡calvo sube! ¡Calvo sube! Y mirando él atrás, los vió, y los maldijo en nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a 42 muchachos.

El profeta Eliseo no iba por el camino celebrando, iba cargado. Acababa de recibir el manto de Elías y esto no era cosa ligera, era un verdadero Honor y una responsabilidad pesada. Ese nuevo rol que le tocaba, con todas las miradas puestas sobre el porque conocían a cerca de lo que acontecería a Elías y seguramente había temor en el. Cuando Dios te levanta, la gente piensa que te sientes fuerte…pero muchas veces te sientes “insuficiente” ¿Y si no puedo? ¿Y si fallo? ¿Y si no soy como el anterior? Eliseo seguramente tenía sus inseguridades como todos y recién estaba comenzando. Justo ahí aparecen las voces: “¡Calvo, sube, Calvo, sube! No era un chiste, era una burla organizada un desprecio directo.  Esto se oía como quien te ataca en tu apariencia, tu identidad y tu llamado. Era como decir: “No eres suficiente, no eres digno de ese lugar, no eres quien crees que eres” Exactamente lo que tal vez él ya estaba pensando por dentro. Y así es como trabaja el enemigo siempre. No siempre inventa una mentira nueva…usa voces externas para amplificar tus dudas internas. Como si te dijeran: ¿Tu vas a predicar? ¿Tu vas a dirigir? Mira quien eres. Y aunque lo digan con risas, no por eso duele menos. Cuando estás empezando algo con Dios, no necesitas muchas críticas…con una sola te puede romper. El pecado de estos jóvenes fue no saber con quien se metían, no porque Eliseo fuera perfecto o intocable, sino porque caminaba con Dios, y Dios tiene cercanía con los que le buscan. La palabra de Dios nos enseña que hay una protección real, una presencia alrededor de los que le temen. Eso es tener una relación con Dios. Y cuando alguien toca a uno que camina con Dios, toca la niña de sus ojos. Tal vez esta también sea tu historia y sientas que se está relatando tu vida misma y debes saber una cosa: Dios te llamó porque él es suficiente en ti, no te puso ahí porque estabas listo sino porque el te va a formar mientras caminas y aunque haya voces que se burlen o dichos que te menosprecien, hay una cobertura que no ves y un Dios que todo lo ve y te garantiza que el peleará por ti tus batallas.

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