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Salmo 51:10

11/06


“Crea en mi oh Dios, un corazón puro…y renueva un espíritu recto dentro de mi” Cuando David escribe este salmo estaba quebrado, había fallado. No solo había adulterio, había mentiras y encubrimiento. El problema no era lo que había hecho, sino lo que había dentro de el. Es ese orgullo silencioso que te hace creer que puedes manejarlo, que puedes detenerlo cuando quieras porque no es para tanto, porque tu tienes el control.  Al igual que David, puedes amar a Dios, adorarle, tal vez venciste gigantes e hiciste muchas cosas bien; pero bastó una sola caída para que muchos te recordaran por eso. Así paso con David también. Puedes hacer mil cosas bien, pero una mala…y la gente no olvida, te etiquetan, te señalan y lo que es peor…a veces lo traen a memoria en tu peor momento. Prometes cambiar, te esfuerzas, luchas, te controlas por un tiempo, pero vuelve: ese impulso, ese deseo, ese pensamiento. Esa lucha parece no soltarte. Ahí es cuando David cae en cuenta: ¡No puedo solo! Por eso dijo: ¡Crea en mi…! El no dijo: ayúdame a portarme bien, ni  dame mas fuerzas. El supo que necesitaba era un corazón nuevo; porque puedes cambiar hábitos, modificar conductas, pero si no cambias el corazón vas a volver al mismo lugar. El orgullo es la traba mas fuerte que se nos presenta, porque no ve todo como pecado, se ve como control, como “yo puedo solo”. La actitud de David movió a Dios, porque no lo rechazó, ni lo reemplazó como a Saúl, sino que lo quebrantó…y luego lo sanó. Porque hay algo que Dios no desprecia: un corazón que reconoce que necesita ser cambiado, un corazón contrito y humillado. Si sientes que esto es lo que necesitas hoy, no desaproveches la oportunidad y pídele hoy mismo a Dios en una genuina oración: Dios,…no solo cambies lo que hago…cambia lo que soy por dentro. Cambia hoy mi corazón.

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