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Caminaron con Dios, pero terminaron mal

11/06


 

Hoy quiero contarte de algunas personas  que caminaron con Dios…pero terminaron mal.  Y es que un buen comienzo no garantiza un buen final. Caminar con Dios no garantiza un buen final si descuidas tu corazón. Saúl, Sansón, Demas, empezaron bien…pero bajaron la guardia. “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1° Corintios 10:12)

1° Samuel 10-15 relata la vida de Saúl, un hombre elegido por Dios para ser Rey sobre Israel, ungido por el Espíritu Santo, obediente a su padre ya que al momento de ser llamado por el profeta, Saúl buscaba las asnas que a su padre se le habían perdido. Un hombre humilde. Lamentablemente la desobediencia y la soberbia le llevaron a ser desechado por Dios como rey y reemplazado por otro (no de su casa) que tenía corazón conforme al de Dios. Murió junto con sus hijos en batalla, sin honra, gobernado por los celos, el miedo y el orgullo. ¿Cuál fue su grave error? Obediencia parcial a la voluntad de Dios. Saúl hizo sacrificios que no le correspondían y perdonó lo que Dios había ordenado destruir. Obedecer a media sigue siendo desobediencia.

La vida de Sansón se relata en Jueces 13-16. Este fue llamado desde el vientre de su madre, una mujer estéril. Había un llamado especial sobre él llamado al nazareato, apartado para Dios, provisto de una fuerza sobrenatural. ¿Cuál fue su error? Descuidar su corazón al jugar con lo sagrado, revelando el secreto de su fuerza y la razón para perderla. Sansón confiaba mas en el don que en la consagración. Perdió la vigilancia de su fuerza, perdió su vista. Sansón en un último pedido desesperado al Señor le pidió recobrar las fuerzas aunque sea solo por un momento para vengarse de sus enemigos que lo tenían atado mofándose de él. Dios le concedió esto y terminó muerto juntamente con los filisteos reunidos juntamente con el.

La historia de Demas la vemos en Colosenses 4:14 y en 2° Timoteo 4:10 Demas fue compañero de Pablo y era un hombre activo en el ministerio, pero terminó abandonando el ministerio. Su error fue el amor al mundo. Demás no negó a Cristo públicamente, solo lo dejó en segundo lugar. Amo a Jesús, pero mas amo lo temporal, el mundo.

Dejar de caminar con Dios no es ignorancia, sino de obediencia selectiva. No es falta de llamado, sino orgullo espiritual. No es ausencia de Dios, sino pequeños descuidos que se toleraron demasiado tiempo. Por eso no basta con haber comenzado bien, tener un testimonio pasado o de ser   alguna vez usado por Dios. La pregunta no es cómo empezaste sino cómo estas caminando hoy, porque esta carrera no es de los ligeros sino de los que con paciencia la transitan, siempre enfocados en la meta, siendo perseverantes hasta el fin.

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