Dominio Propio
11/03
En el libro de Proverbios 25:28 leemos: “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene riendas.” Y en el libro de 2° Pedro 1: 5-6 dice: “Añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia.” Los primeros caracteres del fruto del Espíritu: amor, gozo y paz dirigen nuestros pensamientos hacia Dios. La paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y la templanza están mas relacionados con nuestro prójimo. El Dominio Propio es una fuerza interior, producida por el Espíritu Santo, que nos permite vivir con sabiduría y moderación. Necesitamos este don dado por Dios a fin de ser sabios para el bien e ingenuos para el mal, según leemos en Romanos 16:19. El dominio propio es útil para el creyente en todas las circunstancias de su vida, por ejemplo: para no abusar de la comida, la bebida, los placeres, etc. Pero también es esa fuerza espiritual que le permite no ceder a todo lo que empañar su testimonio carácter, pasiones difíciles de controlar. En la vida cotidiana el Dominio Propio (fruto de la nueva vida que ha recibido en cristo) le permitirá evitar muchas trampas tendidas por la raíz de pecado que aun está en el. El dominio propio también ayuda a encontrar la verdadera armonía entre las expectativas del cuerpo y las del alma. ¿Quieres que tu cuerpo obedezca a tu espíritu? Entonces deja que tu mente obedezca a Dios; escribió un creyente del siglo IV. Un sano dominio propio se somete a la voluntad de Dios en toda circunstancia de la vida porque es Dios quien gobierna su ser, no el YO. “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25)
