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En la cárcel

11/03


Debido a un tipo de demencia y como había cometido varios actos muy violentos, David fue llevado a un hospital psiquiátrico, y luego a la cárcel. Allí conoció a Randy, un prisionero cristiano, quien a menudo oraba y leía la Biblia. David siempre se burlaba de su fe, pero a pesar de ello, se hicieron amigos. Día a día, las preguntas de Randy y las respuestas que daba a David empezaron a desestabilizarlo. Antes creía que la resurrección de Jesús era una historia inventada para la gente ingenua…pero poco a poco, David fue cayendo en cuenta que si alguien estaba dispuesto a morir por una causa, ¡esta debía ser realmente seria! Si los apóstoles estaban dispuestos a morir por Jesus, era porque verdaderamente lo habían visto vivo, resucitado. Sus convicciones se desmoronaron una tras otra. De pensar que él era un hombre mejor que los otros, David pasó a creer que era el peor de todos. ¿Quién podía amarlo y darle una nueva vida? Tal vez Jesus, de quien Randy le hablaba con frecuencia. Entonces David se puso de rodillas y oró: “Dios, no sé si voy a creer en ti mañana, pero creo en ti ahora. Si quieres hacer una trabajo en mi, hazlo por favor.” Cuando se levantó de su oración, por primera vez desde hacía años no quería hacerle daño a nadie. Yo, que era un hombre violento y blasfemo, obtuve misericordia; la gracia de nuestro Señor sobreabundó, para que sirva de ejemplo a los que  creerán en él para vida eterna. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”(1° Timoteo 1:15)

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