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Tito, el siervo fiel

11/03


 

Tito fue un discípulo y colaborador cercano del apóstol Pablo, aunque no aparece en el libro de hechos de los apóstoles, su historia se conoce a través de las cartas de Pablo, especialmente en 2° de Corintios, Gálatas y las cartas a Tito. Tito era griego (Gálatas 2:3), es decir, gentil y no judío. Fue convertido por medio del ministerio del apóstol Pablo, quien lo llama con cariño: “verdadero hijo en la fe común” (Tito 1:4) Esto muestra que Tito no solo fue un seguidor, sino un fruto directo del evangelismo de Pablo. En Gálatas 2:1-3, Pablo menciona que llevó a Tito a Jerusalén cuando se discutía si los gentiles debían ser circuncidados para ser salvos. Tito fue un ejemplo viviente de la gracia de Dios, porque no fue circuncidado, y aun así, fue aceptado como creyente verdadero. Eso mostró que la salvación  no depende de ritos humanos, sino de la fe en Cristo Jesús. Tito era fiel, firme y confiable. Pablo lo enviaba en misiones importantes. Por ejemplo: en 2° Corintios7:6-7, se dice que Tito animó y consoló a Pablo cuando estaba afligido. En 2° Corintios 8:6 Pablo lo envía a Corinto para organizar una colecta para los creyentes pobres. Tito no era un hombre débil; era un siervo con autoridad espiritual pero lleno de amor.Pablo lo dejó en la isla de Creta para organizar la iglesia (Tito 1:5) le encargó una tarea difícil: establecer líderes fieles y corregir a los falsos maestros que estaban confundiendo al pueblo. Por eso la carta a Tito es una guía pastoral sobre cómo dirigir una iglesia con pureza doctrinal y buena conducta. El libro de Tito nos enseña tres cosas claves: 1) la  sana doctrina produce una vida santa, 2) la gracia de Dios nos enseña a renunciar al pecado “porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres y 3) el liderazgo cristiano  debe ser ejemplo de integridad. Pablo menciona que tito fue a Dalmacia (actual Croacia) a seguir predicando. Fue obispo en Creta y murió sirviendo fielmente al Señor. Tito no buscó fama, sino servir a Dios. No predicó para agradar  a los hombres, sino par fortalecer a la iglesia. Su vida nos enseña que el verdadero siervo de Dios no necesita títulos ni cargos, sino obediencia.

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