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Morir para vivir

14/02


Un gran imitador y seguidor de Jesús fue el apóstol Pablo. Este escribió a los Filipenses “Para mi el vivir es Cristo “ (1:21) y en su carta a los Gálatas: “con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi” El gran problema de este mundo radica en que nadie quiere morir para que otro viva en él. Siempre hay un “resto de egoísmo” una parte del “yo” que se resiste a morir del todo o que revive cada tanto, y quiere prevalecer. Lo cierto es que si vivimos nosotros mismos, no vivimos a Cristo.

La vida de Cristo debe ser nuestro modelo “Porque ejemplo os he dado para que como yo hice vosotros también hagáis”  Nos gusta vivir la vida del  Cristo que hace milagros, que es popular, seguido por muchos; pero también  Cristo pasó por el proceso de hacerse carne, de vivir al lado de un hombre que sabía lo iba a entregar por unas pocas monedas, de sufrir en manos de religiosos, fariseos y escribas, de hipócritas y mentirosos. El se negó a si mismo y no dijo nada frente a los sacerdotes pudiendo defenderse.  Cristo pasó por el proceso de ser crucificado y derramar su sangre inocente por nuestros pecados ¿qué necesidad había de morir un justo por todos nosotros pecadores? ¡Incomprensible amor e inigualable! “Morir para vivir” él murió para darnos vida. Murió y resucitó para garantizarnos la entrada  al trono de la Gracia y vida eterna juntamente con él. Ascendió a los cielos para que pudiéramos tener la experiencia de la ascensión y estar juntamente con él en los lugares celestiales.

Es agradable y hermoso vivir la vida de Cristo en los momentos de popularidad pero nadie quiere pagar el precio de la muerte. Desde el momento en que se bautizó en las aguas del Jordán   él  murió al yo, a su propia voluntad y siempre hizo notar que él y el Padre eran UNO y que no había venido para hacer su voluntad sino la del Padre que lo envió.  Ciertamente  los parámetros de Dios son muy diferentes a los del mundo: humillarnos para ser exaltados, servir para ser señor, morir para vivir; pero en la obediencia a sus leyes y mandatos está nuestra bendición y la vida eterna con él es nuestra garantía. ¡Señor! ¡Danos la porción de Cristo que necesitamos cada día para vencer a la carne, al mundo y sus deseos y vivas Tú en mi y yo en ti, por ti y para ti!



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