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Bendeciré al Señor en todo tiempo

26/04


 

“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma…” Salmo 34:1-2.

La palabra “alabanza” corresponde al vocablo hebreo “tejiláh”, que significa “elogio, específicamente en un himno; alegría, canto, loor; aprecio genuino por las acciones y el carácter de Dios”. Se usa en relación a la adoración, acción de gracias y alabanza a Dios expresada a través de cantos. 

Aunque no todos podemos afinar a la perfección, todos tenemos cuerdas vocales que debemos usar para cantarle a Dios. Entonar una alabanza no significa cantarle a un público humano; es cantarle a Dios directamente. Puede que lo hagas en voz alta, o muy bajito; que lo hagas usando notas altas o bajas; en la iglesia, mientras trabajas o te duchas…

Pero siempre tu auditorio tendrá un único espectador: Dios. El Señor se goza con la alabanza de sus hijos. Habita en medio de la alabanza. “Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel” (Salmo 22:3).

Si te parece que Dios está lejos, solo comienza a alabarle. Sentirás en tu corazón que Dios está allí mismo donde te encuentras recibiendo tu adoración. Cuando comenzamos a alabar a Dios, nos encaminamos hacia una victoria.

Así pasaba con el pueblo de Israel. Había guerras en donde solo debían alabar a Dios y dejar el resto en las manos del ejército celestial. “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” (2 Crónicas 20:22).

Tal vez estás esperando la intervención directa de Dios en alguna situación para comenzar a alabar a Dios, pero muchas veces es al revés, cuando comenzamos a alabarle, Él interviene.

Quiero animarte a que comiences con el mismo corazón que el salmista. Empieza cantando alabanzas a Dios solo, sin compañía, mirando con ojos espirituales a Aquel que recibe tu adoración. Comienza alabando a Dios por lo que ha hecho en tu vida y por lo que Él es para ti. Piensa en todas las bendiciones recibidas. Recuerda las maneras en que te ha expresado su amor y cuidado. ¡Alaba a Dios y verás como actuará en tu vida!

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