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El Dios a quien pertenezco, a quien sirvo

02/03


 

La siguiente historia refleja la situación actual de muchos en este tiempo: Esta mañana, en el trabajo recibimos una mala noticia: el jefe nos reunió y nos informó que después de mas de veinte años en la empresa, ese era su último día en ella. Su puesto había sido eliminado. El lo aceptó y contuvo su emoción. Nos deseó buena suerte. Tartamudeamos algunas palabras, lo aplaudimos. Se retiró con humildad y dignidad. Su oficina ya estaba vacía. Entonces pensé: y ahora…¿Qué sucederá conmigo? Mi mujer me envió un mensaje: “No tengas miedo por tu trabajo. El Dios a quien sirves te colocará donde él quiera.” Los problemas de empleo son abordados varias veces en la Biblia. Ella nos habla de un mayordomo que fue despedido debido a su mala administración (Lucas 16:2) Menciona también a unos obrero que esperaban en la plaza sin hacer nada porque nadie los había contratado (mateo20:7) Jacob fue explotado por su suegro y trabajó incansablemente: “De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Así he estado veinte años en tu casa…te serví…y haz cambiado mi salario diez veces.” (Génesis 31:40-41) Recuerda las palabras del apóstol: “El Dios de quien soy y a quien sirvo (Hechos 27:23) El es nuestro verdadero Jefe, nada puede pasarnos sin su permiso. Conoce nuestras necesidades y nunca nos decepciona. Si nos dá un trabajo, obedezcamos a nuestros superiores, “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.” (Colosenses 3:22) “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres…porque a Cristo el Señor servís.” (Colosenses 3:23-24).

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