Jacob el mentiroso
19/01
“Y se acercó Jacob: Acércate ahora, y te palparé hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo y dijo ¿eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. Dijo también: Acércamela y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino y bebió. Y le dijo Isaac su Padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo…” (Génesis 27:22-27) ¿Por qué Dios permitió que Isaac diera la bendición a un mentiroso como Jacob rechazando así a su hermano Esaú? Pareciera ser que Dios aprobara el fraude. Jacob se aprovechó de la ceguera de su anciano padre y se disfrazó, aconsejado por su madre Rebeca, con pieles de animales para robar una bendición que no le correspondía. Sin embargo en la palabra de Dios encontramos una declaración cortante en Romanos 9:13 cuando dice: “ Como está escrito: A Jacob amé mas a Esaú aborrecí” (Mal. 1:1-3) La razón de esta preferencia no fue el engaño, fue el desprecio de Esaú a la Bendición espiritual. Años antes Esaú había vendido su derecho de nacimiento, que era un pacto sagrado con Dios a cambio de un simple plato de lentejas solo porque tenía hambre. “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: véndeme en este día tu primogenitura . Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿Para qué pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.” (Génesis25: 29- 33) Para Esaú, lo espiritual no valía nada si no llenaba su estómago en ese momento. En cambio Jacob, aunque usó métodos torcidos que luego tuvo que pagar, anhelaba la Bendición de Dios mas que nada en el mundo. Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.” (Romanos 9:14-15) Esta historia nos deja una gran lección que perdura en el tiempo: Dios puede corregir un hombre imperfecto, lo busca con desesperación, pero no puede bendecir a quien desprecia lo eterno por un placer momentáneo.
