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Eliseo, Amós y Jonás

12/01


Tres varones de Dios que vivieron en el mismo tiempo pero en lugares completamente distintos, con misiones diferentes y con formas muy distintas de servir a Dios. Aunque todos obedecían al mismo propósito divino, en la misma época en que el pueblo de Israel comenzaba a perder su identidad espiritual, Dios levantó a Eliseo como sucesor de Elías. No fue simplemente un profeta, fue un portador de milagros. Donde otros veían imposibles, Eliseo veía oportunidades para que la Gloria de Dios se manifestara. Multiplico aceite para una viuda, purificó aguas contaminadas, sanó a un general leproso del ejército Sirio, hizo flotar el hacha de un rio y hasta resucitó a un joven. El caminaba entre el pueblo, entre sus necesidades, en corazones quebrados y corazones cansados. Su ministerio mostró que Dios no abandona a su pueblo, sino que se revela en lo cotidiano y también en lo sobre natural. Mientras Eliseo obraba milagros dentro de Israel, Amós estaba en otra posición muy diferente. El no era profeta de profesión ni hijo de profeta. Era pastor de ovejas y cuidador de árboles de sicómoro. Sin embargo Dios lo llamó y lo llamó a confrontar la injusticia y la corrupción que había en medio del pueblo. Amos no hablaba tanto de milagros, hablaba de justicia. Denunciaba a los ricos que oprimían a los pobres, a los jueces corruptos, a los líderes que se habían apartado del camino de Dios. Su mensaje era claro. No se puede adorar a Dios con la boca mientras se vive en injusticia. Dios no quería sacrificios vacíos, quería corazones rectos y manos limpias. Al mismo tiempo que Eliseo ministraba poder y Amós denunciaba el pecado, Jonás no huyó por miedo; huyó porque no quería que Dios perdonara a esa gente. Su lucha no eran contra enemigos externos, era contra su propio corazón. Se fue en dirección contraria y fue tragado por un gran pez. Clamó a Dios y finalmente obedeció. Cuando llegó a Nínive y predicó, toda la ciudad se arrepintió comenzando por el Rey y hasta el último habitante. Eso reveló algo profundo: Dios ama incluso a los que nosotros consideramos indignos. Eliseo manifestaba el poder de Dios, Amós manifestaba la justicia de Dios y Jonás manifestaba la misericordia de Dios. Uno fue obediente desde el principio, otro fue tomado del anonimato y otro tuvo que ser quebrantado para cumplir la misión, pero todos al final terminaron siendo instrumentos de Dios. No todos estamos llamados a hacer lo mismo, pero todos estamos llamados a obedecer. Si Dios pudo usar a hombres tan distintos para cumplir su propósito en una misma generación, también puede usarte a ti exactamente donde estas, en el lugar donde te encuentras y con la vida que estas llevando ahora mismo.

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