Sama, el valiente
28/12
“ Después de este fue Sama hijo de Age, aratita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido de los filisteos. El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria. “(2° Samuel 23: 11-12) Imagínate la escena: El sonido de miles de filisteos gritando, el polvo levantándose, el pánico…Todo el ejército de Israel salió corriendo. El miedo es contagioso y en segundos, Sama se quedó completamente solo. El lugar del conflicto no era en un palacio ni el templo…era en un campo de lentejas. La lógica humana diría: “Sama, vete, no vale la pena morir por lentejas. Es irrelevante.” Pero aquí es donde entra el dato histórico importante: Sama era uno de los tres valientes de David, una fuerza de élite. Pero su mayor hazaña no fue conquistar una ciudad, fue pararse firme en medio de un huerto. En el antiguo Israel, la tierra era la herencia dada por Dios mismo. Perder ese campo significaba que el enemigo podía cortar el suministro de alimento y humillar la provisión del Pacto. Sama no defendía unas simples lentejas, defendía la porción de tierra que Dios le había confiado a su pueblo. El se paró en medio, lo defendió, hirió a los filisteos y Jehová dio la gran victoria. El hombre actúa con valentía total, pero es Dios quien otorga el resultado final. No hubo fuego del cielo, hubo un hombre con una espada y mucha fe en un campo de lentejas. A veces pensamos que necesitamos escenarios gigantes para ser fieles. La historia de Sama nos dice lo contrario.
