Rendir todo a Dios
28/12
“Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, par aganar a Cristo.” (Filipenses 3:7-8) El apóstol Pablo tenía un currículum impresionante: linaje, educación, reputación religiosa y reconocimiento humano. Sin embargo, cuando conoció a Cristo, entendió que todo aquello que el mundo aplaude no tiene valor eterno si no nace de una relación genuina con Dios. Hoy está el peligro de confiar mas en títulos, plataformas, seguidores o logros ministeriales que en la cruz de Cristo. Pablo no negó su pasado, pero se negó a gloriarse en él. Su identidad, autoridad y valor no estaban en lo que había alcanzado sino en aquel que lo salvó. El evangelio de Jesucristo no se trata de impresionar a hombres, sino de exaltar a Cristo. Cuando el orgullo entra al púlpito, la cruz sale del centro. Dios no busca currículum inflados, sino corazones rendidos, vidas crucificadas y siervos que dependan completamente de su gracia. Si en algo de esto te sientes reprendido, tal vez sea necesario pedir perdón por anteponer el valor que nos damos al sacrificio de Jesús en la cruz del calvario por nosotros. Pedirle que quite todo orgullo espiritual, toda vanagloria y toda confianza en lo humano. Que nos enseñe a estimar como basura todo aquello que nos aleja de la sencillez del Evangelio. Que Cristo sea siempre el centro de nuestra vida, nuestra mayor ganancia y nuestro único motivo para vivir.
