Vivir como las flores
14/08
-Maestro, ¿qué debo hacer para no irritarme? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes, otros indiferentes. Siento odio por aquellas personas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian. -¡Pues vive como las flores! Advirtió el maestro. -¿Qué es eso de vivir como las flores? Preguntó el discípulo. -Pon atención a esas flores, continuó el maestro señalando unos lirios que crecían naturalmente en el campo. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos. Es justo angustiarse por las propias culpas, pero no es sabio permitir que los problemas de los demás te incomoden. Los defectos de ellos, son de ellos, no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse. Ejercita pues la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera. Eso es vivir como las flores. Tal vez pasen cientos o miles a tu lado sin percatarse de tus valores, de tus sentimientos, o de tu propia existencia; pero hay alguien que está mirando su maravillosa creación en tu persona. El es Jesús, y desea depositar todo su amor, su perfume, su belleza en tu vida. Si se lo permites, el te llevará a su jardín para cuidarte, guiarte, bendecirte, para que cada paso que des lo hagas con firmeza. El libro de los salmos 23:1-4 dice lo siguiente: “Tú Dios mio, eres mi pastor; contigo nada me falta. Me haces descansar en verdes pastos, y para calmar mi sed me llevas a tranquilas aguas. Me das nuevas fuerzas y me guias por el mejor camino, porque así eres tu. Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tu eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guias por el buen camino y me llenas de confianza.”
