El desafío de ser sal
02/08
La sal, desde tiempos antiguos, fue muy apreciada por sus innumerables beneficios. Cuando aun no existían las heladeras, fue usada para preservar y conservar alimentos como la carne por mucho tiempo; por esto mismo fue moneda corriente en los mercados antiguos. Particularmente creo que la sal es uno de esos condimentos esenciales de la vida (sino el mas esencial) del que no podemos prescindir, o nos cuesta muchísimo dejar de usarlo. Cuando Jesús hacía uso de parábolas, usaba ejemplos terrenales y cotidianos como éstos para enseñarnos una verdad espiritual. En el libro de San Mateo 5:13 Jesús, hablando con sus discípulos les dice lo siguiente: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada? No sirve mas para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” La sal, al igual que el verdadero cristiano, casi nunca recibe elogios, nadie dice lo rica que esta la sal, pero cuando falta, todos lo notan. La comida pierde el sabor, y en la vida pasa lo mismo cuando ese cristiano verdadero de pronto ya no está. Hay personas que hacen mucho: cuidan, ayudan, se esfuerzan pero casi nadie los ve. Siempre están ahí, haciendo que todo funcione en silencio. Siempre obrando como Dios nos manda en su palabra, siempre sanando, abrazando, sosteniendo, alimentando. Pero un día, esas personas se cansan, o se van y los que antes no valoraban sienten su ausencia, sienten que falta. El mundo puede ser muy cruel o apático tal vez; podrías seguir pasando desapercibido ente los ojos de los hombres, pero nunca para los ojos de Dios. Sigue siendo sal aunque no te reconozcan porque lo que haces con amor deja una huella imborrable en los corazones. Aunque creas que pasas desapercibido, tarde o temprano la vida se encarga de mostrar quien realmente vale la pena y quien solo estaba por conveniencia. En el libro de Gálatas 6:9 el apóstol Pablo nos insta: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; (ser sal) porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” No debemos vivir esperando aplausos o elogios por todas nuestras buenas acciones, haz el bien porque si, porque Dios se agrada de eso, porque es parte de tu nueva esencia en Cristo Jesús. Tal vez no todos vean ahora tu valor ahora, pero de seguro lo sentirán y tal vez ya sea demasiado tarde para ellos, pero no para ti que ya tienes tu galardón de parte de Dios.