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El vendedor de huevos

27/07


 

Una mañana fresca, un anciano vendedor ambulante se sentó a la orilla del camino con su canasto de huevos. Su ropa era sencilla, sus manos mostraban el paso del tiempo; y su rostro, aunque sereno, reflejaba años de lucha silenciosa. Un hombre bien vestido se acercó y le preguntó:- ¿A cuanto vende los huevos?- A diez centavos cada uno, joven.- Le doy 50 centavos por siete huevos o me voy. El anciano dudó, bajó la mirada y con una leve sonrisa respondió: lléveselos al precio que usted quiera; hoy no he vendido nada y tal vez esto sea un buen comienzo. -¡Perfecto! ¡Me los llevo! ¡Qué ganga conseguí! Se alejó satisfecho convencido de haber realizado un buen negocio. Para él, fue una transacción; para el anciano, resignación disfrazada de esperanza. Una hora después, ese mismo hombre entró a una cafetería elegante. El dueño lo saludó con entusiasmo. -Gracias por venir todos los días, es un honor tenerlo. -Un gusto como siempre, ¿Cuánto debo? -Son 15 dólares, respondió el dueño. -Tome 20 y quédese con el cambio, te lo mereces. Ese gesto, aparentemente generoso escondía una realidad común: Muchos regatean al necesitado y son espléndidos con quienes no lo necesitan. Esa misma mañana, otro hombre pasó junto al vendedor de huevos. -¿A cuántos los tiene señor? – Diez centavos cada uno. – Deme cuatro y por favor quédese con este billete de 5 dólares. El anciano lo miró sorprendido. -¿Está seguro? – ¡Claro que sí! A su lado, su hija pequeña preguntó: - papá, ¿Por qué le diste tanto?.  El padre sonrió: -Porque es una caridad envuelta en dignidad mi amor. No se trata solo de ayudar, sino de honrar. ¿Por qué tantas veces  mostramos nuestro poder solo ante los mas vulnerables? ¿Por qué somos generosos con los que ya tienen y exigentes con quienes sobreviven? Cada vendedor humilde tiene una historia, cada producto que ofrece lleva   esfuerzo, tiempo y esperanza. Ayudar no es regalar lo que te sobra, es reconocer al otro como igual, es ofrecer sin  humillar, es dar sin esperar nada a cambio, es mirar con respeto. La verdadera generosidad no se exhibe, se ejerce en silencio con compasión. Quien regatea al necesitado, pierde mas que dinero, pierde humanidad.  

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