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cuando el amor es real, el enemigo no es tu pareja

27/07


 

Una pareja estaba pasando por innumerables peleas y conflictos que llevaban a que la relación se tambalee al punto de colapsar a pesar de que se amaban mucho. Acudieron pues a un pastor que les aconsejó lo siguiente: “cuando discutan, no son tú contra el, ni él contra ti; son los dos contra el problema”. Muchas veces en medio del enojo se nos olvida que estamos del mismo lado, que no vinimos a luchar entre nosotros, sino a encontrar juntos una salida. Una relación no se trata de ganar discusiones, sino de ganar paz, de dejar el orgullo y recordar por que empezaron. Si se aman, entonces no compitan, escúchense, comprendan, y sobre todo luchen juntos. El verdadero equipo no se hiere, se cuida, recuerda esto la próxima vez que discutan, porque cuando el amor es real, el enemigo no es tu pareja, es el problema que los quiere separar, es el enemigo de nuestras almas que vino solo para hurtar y matar y destruir. Todo aquello que es imagen y semejanza de Dios lo irrita, por eso es que se vale de artimañas viejas y antiguas que le han dado éxito en la separación de muchos matrimonios. Son pequeños desencuentros, pequeños entredichos, pequeños gestos o actos con los que tropezamos y nos desequilibran al punto de hacer una gran fogata con solo dos pequeños leños que se enardecen.  La palabra de Dios nos enseña lo siguiente en el libro de Efesios 6:12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Nuestra lucha no es contra nuestro cónyuge, ni contra nuestros hijos, ni contra los suegros, ni los amigos; de hecho, si nos ponemos a pensar, la gran mayoría de las veces que ocurren estas discusiones caemos en cuenta que fueron originadas por un hecho a la verdad insignificante pero que bastó para que , dejándonos llevar por las contestaciones mutuas, terminara en una gran bola de nieve que fue imposible de parar. No seamos vencidos de lo malo, antes bien, venzamos con el bien el mal, recordando que juntos venceremos cualquier dificultad o problema que se nos presente con la ayuda de Dios .

 

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